Mientras Eramos Pecadores
Mientras haya vida, hay esperanza
9/17/20252 min read
Mientras Éramos Pecadores
Existen preguntas universales que trascienden el tiempo y las fronteras: ¿Qué nos depara el futuro? ¿Hay una solución para los problemas de la vida? ¿Es posible alcanzar la paz y un mundo mejor? La respuesta a cómo el ser humano puede hallar la salvación y heredar un "cielo nuevo y una tierra nueva" se encuentra resguardada en los registros bíblicos.
El Origen de la Promesa
El plan de salvación fue revelado tras la caída de Adán y Eva. En Génesis 3:15, Dios estableció la primera promesa de redención: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.
En el Antiguo Testamento, el sacrificio del cordero era el acto mediante el cual Dios reconciliaba al pecador, ofreciendo expiación. Este sistema permitía que cada israelita fuera justificado por la fe en ese cordero, que no era sino un símbolo del Hijo de Dios, Jesucristo.
El Sacrificio Perfecto
Hoy, esa promesa sigue tan vigente como cuando Jesús habló con Nicodemo. Como indica Juan 3:15, el propósito es que “todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Así como el antiguo pecador experimentaba la vergüenza de su falta pero también el alivio de la gracia al sacrificar el cordero, nosotros hoy recibimos el perdón a través de Cristo.
Romanos 5:8 lo resume con maestría: “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.
La Misión de "Dios con Nosotros"
La Biblia ofrece evidencias contundentes sobre la misión de Jesús:
Su Nombre: El ángel anunció que se llamaría JESÚS, porque Él salvaría a Su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21).
Su Presencia: Fue llamado Emanuel, que significa “Dios con nosotros” (Mateo 1:23), asegurando que Su presencia habita en quienes le aceptan.
Su Identidad: Juan el Bautista lo presentó claramente: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).
Un Llamado a la Reflexión
A pesar de tener claridad sobre los rituales que señalaban al Mesías, muchos en el antiguo Israel no comprendieron el propósito principal de su llamado. Han pasado los siglos y el riesgo de perder este mensaje sigue presente. Aunque hoy se ofrezcan versiones de "salvación" sin compromiso, la realidad bíblica es inamovible: Jesús es el único camino. Como Él mismo afirmó en Juan 14:6: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Aprovechemos el tiempo y aprendamos de los ejemplos del pasado para no descuidar una salvación tan grande.
