El libro de Juan 4 nos relata una de las historias más inspiradoras de Jesús y su esfuerzo por salvar un alma que se había perdido. Durante mis estudios de maestría en música me encontré en la necesidad de buscar temas bíblicos que inspiraran la composición de una cantata sacra. Era una bonita oportunidad para testificar ante mis profesores y compañeros de universidad pública. Fue así como una tarde en la biblioteca de la universidad el tema de Jesús y la mujer samaritana vino a mi mente. Allí mismo tomé una Biblia y empecé a leer con cuidado esta hermosa historia. Más tarde, profundicé más con los escritos de Elena G. de White en cuanto a este tema. Al leer la historia me llenó de emoción el momento en que la mujer samaritana dice: "Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. 26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo"
¡Qué momento! ¡Enterarse de que quien estaba hablando con ella era el Mesías tan anhelado por tantos años! Y estaba ahí mismo, sentado junto al pozo, hablando con ella, solo con ella. Claro, hubo otras cosas de las que se habló mucho antes de llegar a este punto. Retrocediendo un poco en los sucesos vemos que Jesús llegó al pozo de Jacob en Samaria y se sentó a "descansar"." Pero el relato nos confirma que Jesús llegó allí con un propósito muy especial que era el de salvar un alma de un mundo perdido y traerla de nuevo al redil. Seguidamente, llega la mujer samaritana y se entabla la conversación, Jesús le pide agua, ¡ella se sorprende de que un judío le pidiera agua a un samaritano! y allí comienza una conversación que ha trascendido los siglos.
Jesús comienza el dialogo con el agua de vida, "si conocieres el don de Dios y quien te dice dame de beber, tú le pedirías y él te daría agua de vida." Luego, ¿la mujer pregunta “acaso eres mayor que nuestro padre Jacob?" luego, Jesús responde "Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14 más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna." Luego la mujer dice "dame de esa agua para que no vuelva a tener sed." Hasta ese momento Jesús está llevando a la mujer samaritana en la conversación hasta el punto central de arrepentimiento que viene antes de la conversión. Sin embargo, cuando Jesús le pide a la mujer que llame a su marido, y esta le responde que no tiene marido, vemos cómo Jesús le hace una revelación más impactante de quién es el que está hablando con ella. Solo Dios, que conoce nuestros corazones, podría revelar los más íntimos secretos de nuestras vidas, pero solo con el único propósito de rescatarnos del mundo de la perdición.
La mujer, al ver que su vida estaba siendo descubierta, de manera detallada, intenta magistralmente desviar la conversación a otro tema: la adoración. La mujer pregunta, "Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. 20 nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar." Jesús no omite su pregunta y rápidamente la responde sin descuidar su objetivo principal que era la salvación de un alma para el reino de Dios. Jesús dice " Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren."
Mucho se ha hablado de esta parte de la conversación. Eruditos de la música usan esta conversación para apoyar las ideas como la de que no importan los instrumentos que usamos, o el estilo de música que usamos, el lugar que adoramos. Sin embargo, vemos que aquí el tema principal de Jesús era otro. Jesús estaba tratando de llevar a la mujer samaritana al punto de reconocimiento de su vida oscura y alejada de Dios para que ella tuviera ese cambio y transformación que solo se obtienen al tomar del agua de vida que Jesús nos da. La mujer intentó cambiar el tema de la conversación y Jesús muy sabiamente responde a su pregunta con el propósito de dar otra enseñanza. Recordemos que el punto central del tema no era la adoración, sin embargo, Jesús le dice que llegará el momento que ni en el monte Gerizin ni en el templo de Jerusalén sería el lugar de adoración al Padre. También añadió que la salvación venía de los judíos, ¿por qué hizo Jesús estas afirmaciones? Porque Jesús estaba hablando de sí mismo. Jesús era el cordero que quita el pecado del mundo, y muy pronto iba a ser sacrificado como cordero trayendo salvación a todos los que en él creen. Ya no sería necesario ir hasta el templo de Jerusalén a hacer sacrificios; la salvación vendría al mundo a través de los judíos, pues Jesús era judío.
El Padre busca este tipo de adoradores, los que se acercan a Dios en Espíritu y en Verdad. En el Espíritu correcto, con el Espíritu correcto, y en la verdad que solo proviene de Jesús (Juan 14;6). Es mi anhelo que no hagamos como la mujer samaritana. NO CAMBIES el tema. Jesús está llamando a nuestros corazones para rescatarnos de nuestra manera de vivir, de nuestro orgullo, de nuestra lucha por las cosas perecederas de este mundo, y nosotros muchas veces queremos cambiar el tema. Si sientes que Jesús está tratando de encontrarte, NO CAMBIES el tema. Deja que Él te hable a través de su palabra. El tema principal no es si el instrumento, o aun el estilo, de eso no se trata la conversión. Se trata de entregar tu corazón a Jesús. A eso fue Jesús a hablar con la mujer, la samaritana, y ella muy astutamente quiso desviar a Jesús de la conversación. No cambies el tema.
